Este es el cajón de los desastres

No pretendo que este espacio esté ordenado. Si lo hiciera, tendría que cambiarle el nombre, y por ahora me gusta tal y como está: es un cajón como el de la casa de mi abuela, donde podías encontrar de todo. Desde botones sueltos hasta fotografías amarillentas, cartas sin sobre, hilos de colores enredados, una lupa que ya no aumentaba nada, caramelos duros como piedras y, siempre, siempre, algún tesoro inesperado.

Aquí encontrarás muchas cosas, muy distintas unas de otras. Poesía que nace a deshoras. Reflexiones que me asaltan mientras camino. Frases que anoto en servilletas o en teléfono y que luego rescato. Artículos sobre lo que me da la gana. Y sí, también recetas de cocina. Las de mi abuela, las de mi casa, las que he ido robando por mis caminos. Un gusto sin culpa que me acompaña desde niño, cuando me quedaba hipnotizado viendo cómo ella nos daba amor a travás de la comida.

Algún día las publicaré juntas en un libro que ya tiene nombre: Maijom. Pero, de momento, te las iré dejando por aquí, como quien va esparciendo migas para que no nos perdamos en el bosque.

También encontrarás a Aitana, la chica del reflejo triste. Pero ella llegará poco a poco: su historia se irá liberando según lo sienta y me permita contarla. La llevo en la cabeza desde hace tiempo, en forma de ovillo enorme y apretado. Una mañana me desperté agarrando uno de los extremos —terminó siendo un día raro, de esos en los que las cosas se mueven solas— y empecé a tirar de él. Despacio. Con cuidado. Me gusta lo que va saliendo, me sorprende, aunque no sé muy bien por y a dónde me llevará y si querré entrar una vez allí. Creo que sí, sino cual es el chiste.

Así que tengo que seguir desenmarañando más y más para poder escribirla, para que tú la puedas leer y para que los tres juntos —ella, tú y yo— lleguemos al otro extremo del hilo. Al final de su historia, que espero que no sea realmente un final, sino una puerta que se abre.

¿Te gusta la idea? A mí sí. Me da esa sensación de aventura compartida, de no saber muy bien hacia dónde vamos pero tener ganas de llegar.

¡Disfrutemos el camino! Al fin y al cabo, siempre es lo mejor que tenemos. El camino.

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