¿y quién soy yo?

La historia: un puñetazo en la mesa y un verano de pesadillas

Tenía seis años cuando mi padre me dio una paliza. De las gordas. A sus empleados les tocó una buena bronca: al fin y al cabo, ellos los habían comprado y escondido. No muy bien, a mi entender, pero los habían escondido. Solo que yo los había encontrado y, por eso, a mí… a mí me dio una buena tunda, como nunca me la había dado.

Sentí cada golpe de puño apretado, cada bofetón. Sentí también sus regaños frente a mi rostro aterrado, y cómo su saliva se adelantaba a sus gritos y me salpicaba. No, no me salpicaba. ¡Me bañaba en ella! Quedé cubierto por sus babas. Tan completamente que pensé que me iba a ir por el desagüe de ese mar de saliva y odio.

Por fin se detuvo, y yo, tan inocente a mis seis años, pensé que ya se había terminado, que se marcharía y me dejaría por fin solo en la caravana, moribundo. Me equivoqué. Solamente se estaba tomando su tiempo para cruzarme la cara de lado a lado de nuevo. Recuerdo sentir mi sangre agolpándose dentro de la cabeza, queriendo reventar mi cráneo desde dentro: pum pum… pum pum.

También recuerdo que lo que realmente quería yo era morir. Pero no morir de cualquier manera.
No quería morir con uno de sus golpes.
Quería irme de allí con una magnífica explosión: la de mi cabeza.

Sí, quería que mi cabeza reventara y lo cubriera entero.
Que esa bestia en la que se había transformado mi padre se ahogara con mis sesos, se atragantara con los pedazos de mi cráneo… y callara.

Que se quedara en silencio.
De una maldita vez, para siempre.
O por solo dos segundos.
Por un mísero instante, por favor.
Pero que se detuviera, y que se convirtiera en silencio.

Y lo hizo.

Se detuvo cuando vio que ya no podía contener mis lágrimas de vergüenza y de dolor. Quizás vio que estaba a punto de cruzar esa línea que ningún padre debe cruzar: la del miedo.
Sí, quizás vio miedo en mi mirada.
Solo recuerdo que se detuvo a mitad de frase, dejó sobre la mesa de la caravana el fajo de cómics causantes de toda aquella situación, abrió los brazos y dejó que yo me hundiera en ellos, mientras me acariciaba el pelo y me tranquilizaba con palabras dulces. Como siempre lo había hecho desde que yo tenía memoria.

Incluso ese día en la caravana en el que, por primera y única vez, me levantó la voz.

Atención: nunca me levantó la mano, no me pegó ni me gritó. Solo elevó la voz como nunca lo había visto hacer. Ni conmigo, ni con nadie.

Recuerda que yo tenía seis años, y consideraba a mi padre la persona más increíble, más inteligente, más divertida y tranquila del mundo.
Mi madre, a la que quería casi igual (bueno, la quería igual, pero diferente), sí gritaba, y algún azote en las nalgas me había dado, casi siempre por pelearme con mi hermano menor.

Por eso, ese día, el regaño que me dio con voz de trueno y rostro de piedra, para mí fue como la paliza que describí más arriba.

Él, sosegado, hablándome duro sobre que no debía leer esos cómics, que no solo no eran para niños, sino que no eran para nadie.
Que tenía que rodearme de aventuras y cosas bonitas, leer libros como los del Barco de Vapor, Elige tu propia aventura o los cómics de Astérix o Capitán Trueno, pero no esa porquería.

Y yo, lo que realmente estaba viendo, era a un demonio que me regañaba, me gritaba, me escupía y me reclamaba el alma desde los infiernos.

Todo por culpa de esos cómics que sus trabajadores habían escondido y yo encontrado bajo los colchones de las literas de la caravana. Muy astutos no fueron, la verdad.
No se dieron cuenta de que esa pequeña caravana era el mismo lugar donde yo pasaba horas y horas aburrido, mientras todos ellos trabajaban.

Suma esto:
Niño + Aburrimiento – Adultos = Problemas.

Y en mi caso, siempre problemas al cuadrado o al cubo.
Así de inquieto he sido. Y así lo sigo siendo.

Sí, esos días viví bajo la influencia de esos cómics: historias de terror y sexo.
Historias gore con mucho sexo.
De fantasía y más sexo.
A color y en blanco y negro.
Horrendos. Horripilantes.

Era un niño de seis años que había tenido pesadillas desde que abrí el primero de ellos, y las seguí teniendo mucho después.
No lo relacioné.
Mi padre sí.

Me despertaba en la noche gritando, sudoroso, y él me volvía a abrazar hasta que me calmaba y me dormía de nuevo.
Y fue así por lo menos el resto del verano.

Para que te hagas una idea de lo feos que eran, déjame decirte que, aunque raras veces, ahora —aun pintando canas— me levanto en medio de la noche gritando y empapado de sudor, con la misma sensación con la que me despertaba esos días. Diferente a las otras pesadillas que haya tenido o pueda tener.

Solo que ya no está mi padre para consolarme.
Murió en un accidente tres años después de ese verano.
Yo tenía nueve. Él, treinta y tres.

Ahora quien me calma, con las mismas caricias en la cabeza desde que se lo conté, es mi esposa, Isabel.

¡Ah, por cierto! No te lo he dicho: soy feriante.
Por eso lo de la caravana, lo de los empleados y lo de pasar el verano viajando con mi padre.
De casetas de tiro al blanco, de baloncesto, de cuerdas mágicas y de muchos tipos más. Incluso fui payaso muchos años, junto con mis hermanos pequeños.

Lo fui, feriante. Ya no.
Desde hace casi 30 años soy actor.
Que es, en el fondo, un poco el mismo circo.

Te he contado esta historia porque fue en esos días cuando comenzó mi carrera delictiva como actor, que para mi es inseparable de mi ser escritor. Sé que, desde entonces —desde ese verano y esos cómics—, nunca he dejado de leer, así como tampoco dejé de actuar, aunque no supiera que lo estaba haciendo.

Me acabé bibliotecas enteras, en serio. Y leí de todo: clásicos, contemporáneos, más cómics (muchos más y menos sucios, claro), manuales de todo tipo, cajas de cereales, latas de aceite para coche… ¡de todo!

Solo que quiero que sepas que llevo mucho tiempo escribiendo y mucho tiempo (un poco menos) viviendo de la actuación, y espero seguir haciéndolo hasta un par de semanas después de morirme.

He sido afortunado: he podido transitar por géneros muy distintos y dar vida a personajes increíbles.
He sido héroe y villano, protagonista y antagonista y de reparto, en cine, televisión, teatro, digitalizado… incluso en podcast de ficción.

Y para mí, actuar y escribir son dos caras de la misma moneda: contar historias.

Eso es lo que me gusta: contar historias.
Ya sea disfrazándome o frente a una pantalla en blanco.
Bueno… y poner la chuleta en la mesa para mi familia también me gusta, no te voy a decir que no.

Te he contado alguna cosa, pero no te he dicho quién soy.

Hola, soy Rubén Zamora Equert, originario de Mendavia, un pequeño pueblo en Navarra, al norte de España.
Como ya te he dicho, soy actor y escritor, y vine hace más de 20 años a América (se me llenan aún la boca y las teclas: A‑MÉ‑RI‑CA) y vivo en México.
Nos adoptamos mutuamente, aunque también viví en Buenos Aires, Argentina, y en Colombia.

He hecho como actor lo que me han dejado… y un poco más.
Hago cine y televisión, aunque mi formación es teatral.

He participado —gracias, gracias, gracias— en muchas producciones cinematográficas:
La profecía de los justos, Recién cazado, Consciencia, Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades, de Alejandro G. Iñárritu, o Terapia familiar.
Y en series como Los Simuladores, Paramédicos, Cumbia Ninja, Alias el Mexicano, El Capo, Sala de Urgencias, Vivir sin permiso, Volver a caer, Accidente, entre muchas otras.

Empecé estudiando Arte Dramático en la Escuela Navarra de Teatro (E.N.T.) en Pamplona, España. Luego en Madrid, donde estudié en muchas escuelas de teatro y cine.
Allí empecé a poder vivir como actor y a hacer algunas cosas un poco más importantes. Al menos para mí.

Luego me vine a América.
Y aunque viví y filmé en unos cuantos países, México se convirtió en mi casa.

Y lo demás es… presente.

Puedo decir con el corazón henchido que estoy viviendo los sueños que soñé.

Y que aún sigo soñando. 

Quizás hayas visto algo de esto

  • Terapia familiar
  • Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades 
  • No abras la puerta 
  • Restos de viento
  • Recién cazado 
  • Consciencia 
  • Blunt force trauma
  • La caridad 
  • El secreto del roble 
  • La otra familia
  • Melted Hearts
  • El último justo
  • Piezas usadas 
  • Todos los días son tuyos 
  • 7 días 
  • DOC
  • Bodas S.A.
  • Accidente
  • El precio de amarte
  • Pacto de silencio 
  • Cecilia
  • El rey de los machos
  • Volver a caer 
  • Un extraño enemigo 
  • El Rey, Vicente Fernández 
  • Amarres 
  • Buscando a Frida
  • Promesas de Campaña 
  • Vivir sin permiso 
  • Last V – Caza de narcos 
  • Atrapada 
  • Falsificaciones falsas
  • Se rentan cuartos
  • Su nombre era Dolores 
  • Vuelve temprano
  • Sala de urgencias 
  • El Capo 
  • Cumbia Ninja 
  • Alias el Mexicano 
  • Paramédicos
  • Adictos 
  • Rafaela 
  • El Shaka 
  • Bienes raíces 
  • Los simuladores
  • Capadocia 
  • Soy tu fan 
  • Héroes de carne y hueso 
  • Gritos de muerte y libertad 
  • Pasión
  • 13 miedos 
  • Secretos de Nuestra Historia 
  • Bienvenido a la vida peligrosa  
  • 10.35 
  • Carlos Vives: Volver a Nacer
  • Lila Downs: Zapata se queda

Videos

Play Video

Pacto de silencio

Netflix

2023

Play Video

Los Simuladores

Televisa

2008

Play Video

Paramédicos

Canal Once

2012

Play Video

Cumbia Ninja

Fox

2013

Mostrar más
Mostrar más